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martes, 27 de marzo de 2007

La debilidad de Maradona juega en la Primera B


Se llama Eduardo Bazán Vera, tiene 33 años, y es uno de los goleadores más temibles del ascenso. Le dicen Indio, apila admiradores y hasta tiene una línea propia de merchandising. "Es un grande, no hay tipos como él, dijo DIEGO.

La máxima emoción del fútbol es el gol. Es la alegría, es la ilusión, es el objetivo, es el orgasmo. El gol es ese instante donde los corazones se detienen, sonríen y olvidan las penas más profundas. El gol es todo para este muchacho de Tristán Suárez. Te hace ganar un partido, un campeonato o simplemente un buen rato. El gol es la palabra justa para invocar grandes artilleros. El gol, es Eduardo Daniel Bazán Vera. Terror de los arcos del ascenso, el verdugo de incontables arqueros y el ídolo de miles de hinchas del deporte más hermoso del mundo. El hombre que se llevó hasta los elogios de Diego Armando Maradona: "Es un grande", dijo el Diez. Pavada de halago.

¿Cuántos jugadores de las divisionales menores tienen merchandising con su imagen? Pocos. O mejor dicho, sólo uno: Bazán Vera. Remeras, llaveros, muñequitos o lo que se le pueda ocurrir llevan su aspecto y su nombre. Está claro, no tiene la pinta de David Beckham, pero sí mucho carisma, suficiente para despertar cosas insospechadas en mucha gente. En Maradona, por ejemplo. El mejor jugador de la historia del fútbol se dio ayer una vuelta por la cancha de Tristán Suárez y no escatimó elogios. "A donde fue hizo goles. Y los goles se compran con millones. No es joda. Un arquero puede ser un arquerazo, ¿Pero en cuanto lo vendés?, en dos con cincuenta. No hay tipos como él", reconoce el Diego.
Y Daniel todavía no lo puede creer.

" El más grande de todos se acercó hasta el estadio y se llevó un regalo del goleador: "Fue lo máximo para mi. Poder llevarle la camiseta y que él la reciba con una sonrisa es muy importante.

No cualquiera tiene la posibilidad de sacarse una foto, poder abrazarlo y decirle en la cara todo lo que uno siente", dice el Indio, como lo llaman sus propios hinchas a la hora de la ovación.

"Dios me premió, pero vino directamente al vestuario a hacerlo", concluyó un Bazán Vera con esa voz pausada que lo caracteriza y una emoción acorde a la situación.

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