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martes, 27 de marzo de 2007

El Jorobadito que nos goleó ... Historias Pamboleras

A mediados de la década de los 80, cuando el América dominaba el panorama nacional, un entrenador de llano, quien dirigía a la selección de la delegación Gustavo A. Madero, descubrió en un jovenzuelo un diamante en bruto, listo para ser pulido.

Ángel “El Coca” González, quien era este singular descubridor de talentos, estaba orgulloso de su equipo. Era materialmente imbatible y, en las distintas ligas en donde jugaba, casi siempre salía airoso, o cuando menos pocas veces maltratado.

Una tarde jugaba la Gustavo A. Madero en contra de su similar de Azcapozalco. “El Coca” no podía asistir por motivos personales y mandó a su cuadro de lujo a disputar el encuentro. Les dio las indicaciones necesarias, seguro de que su escuadra regresaría con el triunfo, ya que el conjunto contrario, generalmente no contaba con buenos elementos.

Cuando habló don Ángel con el capitán de su equipo, seguro del éxito le preguntó:
-“¿Qué…, por cuanto ganaron?
-“Perdimos y por goliza, 6-4”
-“Pero ¿cómo?, no es posible, además por tantos goles, ¿pues qué pasó?
-“Pues por culpa de un jorobado y medio desnutrido, que nos clavó cuatro goles y dio el pase para los otros dos”
-“¿Un jorobado”
-“Sí, nos puso un baile él solo y todavía se burló de nosotros…

El “Coca” González, quien no podía creer que alguien con la descripción física que le daban les hubiera dado la vuelta a sus muchachos, se propuso buscar a aquel jovenzuelo del que le hablaban.
El entrenador se informó y pudo saber más acerca de este pequeñín que vivía en Tlatilco y jugaba en el equipo Impala.

Lo siguió por los llanos de Buenavista, las canchas del deportivo Las Democracias y por todos lados donde jugara. Se dio cuenta que era, en verdad, un crack en ciernes.

Era diferente a todos los demás, tenía chispa, sabía tocar y salir jugando. Cual torero, enseñaba el balón al contrario para, en el momento de la estocada, salir por un lado y burlarse en la cara del defensa, que se quedaba con un palmo de narices.

Era, en una palabra, un descarado, que disfrutaba driblar a todo el equipo contrario, dejando a los rivales materialmente tirados en el suelo, para luego voltear, ver lo que había ocasionado y terminar incrustando el esférico en la portería, con una sonrisa en el rostro.


“El Coca”, embelesado, le propuso llevarlo a probarse a las fuerzas básicas del América, y no cejó en su empeño, hasta que el chamaco aceptó. Este carasucia, desnutrido y jorobado, es considerado hoy en día, como uno de los mejores futbolistas que ha dado nuestro país.

Su nombre: Cuauhtémoc Blanco Bravo.


* Historias Pamboleras son cortesía de Carlos Calderón = P

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